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El Capricho

Este parque, de unas 15 ha en el noreste de Madrid, fue mandado construir por la Duquesa de Osuna y tardaron 52 años en terminarlo. (1787 – 1839) La Duquesa no lo vio finalizado, puesto que falleció pocos años antes, Pero eso no quita que lo utilizase mucho durante su interesante vida. Era la mujer más importante de la sociedad del momento. La que marcaba tendencias y formas de pensar y actuar. Una mujer cosmopolita en la época de la ilustración. Quiso construirse una finca de recreo para tener un punto de encuentro de intelectuales, ilustrados y a la vez un sitio donde celebrar grandes fiestas a modo y semejanza de Versalles, el referente en aquellos momentos. Incluso los jardineros y paisajistas fueron traídos de Francia (los arquitectos Pablo Boutelou y Jean-Baptiste Mulot)

Consiguió dejarnos el único jardín romántico de Madrid, lleno de sorpresas y curiosidades. Gracias, porque a mí me ha sorprendido muy gratamente.

Al parque se accede por la plaza de toros. Hacían sus festejos particulares y los animales venían corriendo atravesando el parque por el cauce hundido del riachuelo.

La plaza está rodeada de una bonita combinación de hiedra y peonías. Tomad nota porque realmente es muy efectivo.

De ahí pasamos a una gran avenida de robles con paseo peatonal a los lados.

Si os fijáis, desde el principio de dicha avenida no se ve el palacio. Es el juego de los jardines románticos. El de la sorpresa, el del recodo y requiebro. Ya no es la época de Le Nôtre y de las interminables perspectivas. He de reconocer que me sorprendió ver de repente, siguiendo por esta avenida, un templete en lo alto de una montaña.

Los templetes te los esperas en los jardines paisajistas ingleses, en los parques alemanes, pero nunca lo había visto en nuestro país y se me hizo raro y encantador. Este tiene la escultura del Dios Baco. Fijaos en el detalle de la planta. ¡Es ovalado!!! Es lo que llamamos la perspectiva positiva. El ojo tiende a achatarlas figuras en la distancia. Si fuese redondo, veríamos el templete achatado.

Al final de la avenida llegamos a una exerda donde un bronce de la Duquesa está rodeado de esfinges de plomo. Estas se encontraban en un estado pésimo antes de su restauración. También había un techo sobre las columnas pero no se pudo recuperar.

Uno gira sobre sí mismo y ve una nueva avenida que sí que enfila a palacio

y un laberinto de setos del árbol de júpiter (Lagerstroemia indica) perfectamente tallado en pirámide para que el sol de a todas las partes de la planta.

Esta joya tiene 20 años. Sufrió la destrucción total durante la guerra civil y además un avión de carga hizo un aterrizaje de emergencia sobre él. Es más, no podemos asegurar que en la época de la Duquesa, el laberinto existiese. Sólo aparece en el primer plano del jardín, pero restos de la época no se han encontrado. Dentro del laberinto hay algunos árboles que estaban antes de plantarlo y que se decidió mantenerlos. Es precioso, con sus suelos llenos de musgo.

 

A su lado se encuentra el jardín italiano. Está en la parte más baja de la finca. Hay dos grutas, imprescindibles en el romanticismo. Además, una fuente con unas ranas de piedra luce en el centro. Las ranas simbolizan la leyenda de Latona, madre de Diana y Apolo. Resumiendo, Diana y Apolo son hijos de Júpiter, pareja de Juno que enfadada por la infidelidad de Júpiter con Latona, hace que esta tenga que huir para la eternidad. Latona llega a un lago y los campesinos no la dejan beber. Ella enfurecida los convierte en ranas. Dicha imagen está presente en Versalles y simboliza el poder del Rey Sol frente a la humanidad.

Por fin nos encontramos a la altura del palacio. Con sus fuentes y el jardín estructurado francés.

Mirad que bonitas las terminaciones de los bordes, onduladas en combinación con el ladrillo. Los dos grandes cedros fueron plantados por los últimos dueños de la finca, los Bauer en 1934, en plena República.

Pasamos del lado derecho del jardín, mirando hacia la fachada del edificio, hacia la izquierda y comenzamos a subir hacia las cotas más elevadas del terreno.

A mitad de camino nos encontramos con una construcción sorprendente. El abejero.

Si, oís bien. Rodeado de plantas melíferas, estaba diseñado para que las abejas tuviesen sus panales y desde dentro, separados por cristales, los visitantes podían ver la actividad interior de los insectos.

Este pequeño divertimento servía para tomar el té con miel y escuchar conciertos de cámara. Estaba muy deteriorado antes de su restauración, sin techos, ni columnas (estas ya no están). Hay un canal perimetral que estaba lleno de tierra por el paso del tiempo. Ahora vuelve a estar como en sus inicios. El edificio no tiene bajantes de agua de lluvia y para canalizarla se le hizo este conducto que se ve en la foto.

El diseñador de esta joya fue el arquitecto neoclásico, Mateo Medina. La estancia circular por la que se accede al abejero alberga ocho columnas corintias (con base y capiteles dorados), que sostienen una cornisa una cúpula encasetonada que remata el conjunto. La pieza de máximo valor es una imagen de Venus esculpida en mármol de Carrara, obra de Juan Adán.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, ya que la venus es una copia exacta del original que fue comprado por Bauer (gracias a ellos probablemente la escultura haya sobrevivido al vandalismo) y en 1997 fue vendida a una galería de arte y de ahí fue a parar a una colección privada.

Dejando atrás el panel de rica miel, nos adentramos en un campo de lilas o Syringa (las flores favoritas de la Duquesa), Philadelphus coronarius y Cercis siliquastrum. En primavera es espectacular. Llegamos al centro de un círculo dividido en seis partes que representa el paso del tiempo, rueda, cronos, uno de los “must it” de un jardín romántico, junto a pequeñas falsas ruinas. Coronando la circunferencia está la escultura de Saturno devorando a uno de sus hijos. Como sabéis, esta figura representa el paso del tiempo. Devoraba a sus hijos recién nacidos porque temía que con el tiempo le destronasen. Hasta que dejó uno vivo y este fue el que le destronó.

Nos encontramos ahora mismo en la parte más alta del jardín. En ella se desarrouua el juego de agua. Es decir, un canal para navegar por él, que va desde un casino de baile hasta una falsa fortaleza de guerra, pasando por un lago. Otro imprescindible, un romántico lago con una isla en donde descansa la tumba de un imaginario muerto. En este caso el III Duque de Osuna. El romanticismo y lo trágico de la muerte.

Al borde del lago se haya totalmente restaurado un pabellón de cañas que servía para guardar las barcas. En su interior está lleno de pinturas de paisajes idílicos que se enfrentan o juegan con el paisaje idílico de fuera. Otra fantasía más del jardín.

Se sabe que había otros tres pabellones más con distintos motivos, pero nada queda de ellos.

Siguiendo el cauce del canal, atravesamos el jardín inglés (FOTO TRASPAPELADA JARDIN INGLES) con sus praderas naturales y sus grandes árboles. Ahí está, protegido, el ejemplar más antiguo del parque. Un Cercis siliquastrum de 200 años, que ha tenido hasta médico de árboles.

Llegamos al casino de baile con un motivo de caza de la Diosa Diana a su entrada, el jabalí.

Está rodeado del rosal trepador Banksia, una buena recomendación para paredes grandes, ya que crece mucho y da pequeñas flores blancas. Muy valorado en la época originaria del parque. Desde lo alto, durante las fiestas se divisaba el parterre formal de flores.

Para finalizar el trayecto nos encontramos con una pequeña caseta para un ermitaño real…, en su época tenían contratado a un señor que tenía que vivir ahí de manera austera y escenificar la vida de alguien separado de la sociedad y en contacto permanente con la naturaleza y una casita de agricultor con paredes interiores de musgo, imitando los pueblecitos del Petit Trianon, representando el juego de la vida idílica del campesino.

 

FINAL DE RECORRIDO

La propiedad estuvo en manos de la misma familia apenas 40 años más, cuando la subastaron por falta de liquidez. La adquirió Guatavo Bauer, representante de la banca Rothschild en 1.900. Su familia conservó la finca en buen estado hasta 1936.
Durante la República fue declarado Jardín Histórico y cuando llegó la guerra civil comenzó el inevitable deterioro. Fue cuartel general del ejército republicano (Sigue existiendo los restos de algún bunker) y luego vendido y abandonado. En 1943, fue declarado Jardín Artístico y en 1947 lo compra finalmente el Ayuntamiento de Madrid, quien se ocupa de su restauración y mantenimiento actual.

Dejo en el tintero detalles, historias y muchas fotos. Podría extenderme hasta el infinito, escribir una tesis doctoral, documentarlo con mayor exactitud. Pero creo que no es el objetivo de un blog. Simplemente quería haceros llegar la información, para aquellos que no conocieseis la existencia de este jardín o que no tenéis tiempo o estáis lejos para venir a verlo.
Me ha resultado interesante y un buen reflejo de otros mundos del pasado.

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